A noventa años del inicio de la guerra civil española, un conflicto que también dividió a la Argentina

Columna de opinión por Hernán Labate (*)

Viernes, 17 de julio de 2026 - 9:30 hs.
A noventa años del inicio de la guerra civil española, un conflicto que también dividió a la Argentina

¿Te pareció interesante? Compartila con tus amigos

El 18 de julio de 1936, hace noventa años, España ingresaba en la etapa más cruel de su historia.

Cuando se habla de la Guerra Civil española suele pensarse en Madrid, Barcelona, Toledo, Guernica o el río Ebro. Sin embargo, mientras España se desangraba, había otro país donde el conflicto también se vivía con intensidad: la Argentina.

No hubo trincheras ni bombardeos, pero sí discusiones familiares, colectas, actos públicos, campañas de solidaridad y una profunda división que atravesó a la comunidad española más numerosa fuera de la península.

El levantamiento militar encabezado por Francisco Franco contra la Segunda República el 18 de julio de 1936 sorprendió a una sociedad argentina donde la inmigración española ocupaba un lugar central. Hacia mediados de la década de 1930 residían en el país más de dos millones de españoles o hijos de españoles. Galicia, Asturias, Castilla, Andalucía, Cataluña y el País Vasco estaban presentes en cada barrio de Buenos Aires y en buena parte del interior.

Lo que sucedía al otro lado del Atlántico no era una noticia internacional más. Era la suerte de padres, hermanos, primos y amigos.

Durante casi tres años, las cartas cruzaron el océano con noticias cada vez más dramáticas. Muchas dejaron de llegar. Otras comunicaban la muerte de un familiar, el encarcelamiento de un hermano o la necesidad desesperada de conseguir dinero para sobrevivir.

Los centros regionales españoles, que hasta entonces habían sido espacios de encuentro, también sintieron el impacto de la guerra. En muchos casos aparecieron diferencias irreconciliables entre quienes apoyaban a la República y quienes respaldaban a los sublevados. La política, que había dividido a España, comenzaba a dividir a la colectividad residente en la Argentina.

En Posadas, la colectividad española también se organizaba alrededor de instituciones como la Sociedad Española de Socorros Mutuos, fundada en 1912. Allí, como en tantas otras entidades de inmigrantes repartidas por el país, las noticias llegadas desde la península se siguieron con enorme preocupación y la guerra pasó a formar parte de las conversaciones cotidianas de muchas familias.

Las calles argentinas tampoco permanecieron ajenas. Se organizaron festivales para recaudar fondos, campañas de ayuda humanitaria, conferencias y movilizaciones. Intelectuales, artistas, sindicalistas y dirigentes políticos tomaron posición frente al conflicto. Para muchos, lo que estaba en juego excedía el destino de España: se trataba de una disputa entre democracia y autoritarismo que podía definir el futuro de Europa.

No faltaron quienes viajaron para combatir. Decenas de argentinos y residentes españoles partieron hacia la península para incorporarse a las Brigadas Internacionales o a otras unidades que defendían a la República. Algunos nunca regresaron.

La guerra terminó el 1º de abril de 1939 con la victoria franquista, pero sus consecuencias recién comenzaban.

Miles de españoles emprendieron el camino del exilio. Argentina recibió a numerosos republicanos que encontraron aquí un lugar donde reconstruir sus vidas. Y el aporte fue inmenso.

Profesores universitarios, científicos, médicos, arquitectos, ingenieros, escritores, periodistas, editores, artistas y músicos enriquecieron la vida intelectual argentina en momentos decisivos. Muchos continuaron aquí carreras que habían sido abruptamente interrumpidas por la guerra y la dictadura. Otros comenzaron de nuevo desde cero, trayendo consigo una experiencia que marcaría para siempre a las instituciones culturales y académicas del país.

La influencia del exilio español puede rastrearse en editoriales, universidades, bibliotecas, teatros y revistas que contribuyeron al extraordinario desarrollo cultural argentino de las décadas siguientes.

Pero quizá la huella más profunda no se encuentre en los libros ni en las universidades. Todavía hoy existen miles de familias argentinas cuya historia quedó atravesada por aquella guerra. Nietos que crecieron escuchando relatos sobre pueblos bombardeados, abuelos que nunca volvieron a ver a sus hermanos, fotografías que cruzaron el océano dentro de una valija y silencios que duraron décadas.

La Guerra Civil española no terminó para todos en 1939. Durante treinta y seis años, la dictadura de Francisco Franco hizo imposible el regreso de muchos exiliados. Algunos murieron lejos de la tierra donde habían nacido. Otros pudieron volver recién después de 1975, cuando la muerte del dictador abrió el camino hacia la transición democrática.

Por eso, recordar el comienzo de aquella guerra no constituye solamente un ejercicio de memoria española. También significa volver sobre un capítulo de la historia argentina.

Nuestro país no fue un espectador distante. Compartía con España millones de vínculos familiares, culturales y afectivos. En Misiones, donde miles de inmigrantes españoles —especialmente gallegos— se habían establecido desde fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX, aquellas noticias se vivieron como un drama propio. Para numerosas familias de la provincia, la guerra no enfrentaba a desconocidos: ponía en riesgo la vida de padres, hermanos, primos o amigos que seguían viviendo en España.

Lo que ocurría en un pequeño pueblo de Galicia o de Castilla podía cambiar para siempre la vida de una familia en Avellaneda, Rosario, Posadas o Bahía Blanca.

Noventa años después, esa cercanía ayuda a comprender por qué la Guerra Civil sigue despertando emociones tan intensas a ambos lados del Atlántico. No se trata únicamente de un episodio decisivo de la historia de España. También forma parte de la memoria de la Argentina, un país construido en gran medida por hombres y mujeres que un día dejaron la península buscando un futuro mejor y que, aun viviendo a diez mil kilómetros de distancia, nunca dejaron de sentir que aquel conflicto también les pertenecía.

Quizá por eso, cuando hoy un argentino descubre que su abuela llegó de Galicia en 1938, que un padre nunca volvió a ver a su hermano o que en un viejo cajón se conserva una carta enviada desde Madrid durante la guerra, comprende que aquel conflicto no pertenece solamente a la historia de España. También forma parte de la historia íntima de millones de familias argentinas.

(*) Escritor y abogado. Autor de “Sin tu Venia” y “Un Puente en la Niebla”.