El canciller libertario Pablo Quirno esperó que La Scaloneta gane de manera histórica contra Inglaterra en la semifinal de la Copa del Mundo para sacar un comunicado de repudio por el ingreso de un buque inglés en aguas argentinas.
La Selección sacó una bandera de reivindicación de la soberanía de las islas al finalizar el partido y expuso al Gobierno que se había alineado con la FIFA y el FBI y mandó a la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, a repudiar la presencia de banderas reivindicativas de las Malvinas en el partido.
Por otra parte, según publicó el portal LPO, la Armada informó al ministro de Defensa de la presencia inglesa en aguas argentinas, pero Carlos Presti decidió no decir nada al respecto. Se sospecha que el mutismo de Presti y Quirno sobre la intrusión del buque inglés tiene que ver con el viaje de Javier Milei al Reino Unido, para promocionar el “Argentina Week”.
De hecho, Milei es un confeso admirador de la expremier británica Margaret Tatcher, que es criminal de guerra por autorizar el hundimiento del ARA General Belgrano, el 2 de mayo de 1982, cuando el buque argentino estaba fuera de la zona de exclusión determinada por el propio Reino Unido. Producto de esa acción autorizada por Tatcher, murieron 323 marinos argentinos.
En ese marco, la victoria de Argentina terminó obligando a la Cancillería a informar que se presentó una nota formal de protesta ante la Embajada del Reino Unido por los movimientos del patrullero HMS Medway hacia la costa continental argentina.
Según el Gobierno argentino, esos desplazamientos se realizaron desde las Islas Malvinas, cuya presencia británica considera ilegal, no fueron debidamente notificados, como establecen los acuerdos y declaraciones bilaterales vigentes e involucraron el tránsito del buque por el Mar Territorial argentino.
El comunicado sostiene que esta acción constituye una violación de los compromisos bilaterales asumidos por ambos países como la Declaración Conjunta del 25 de septiembre de 1991, sobre medidas de confianza, la Declaración de Madrid del 15 de febrero de 1990 y la actualización de esas medidas acordada en la Declaración Conjunta de Buenos Aires-Londres del 12 de julio de 1993, especialmente el apartado referido a las “Medidas de fortalecimiento de la confianza”.
En otro tramo, el comunicado rechaza “con firmeza” esta incursión militar británica en espacios bajo jurisdicción argentina, considera que forma parte de una política sostenida de actos unilaterales incompatibles con las resoluciones de las Naciones Unidas y señala que esas acciones violan el deber de ambas partes de abstenerse de modificar la situación mientras la disputa de soberanía permanezca pendiente de solución.
La Cancillería sostiene además que los movimientos del HMS Medway contravienen los acuerdos bilaterales sobre medidas de confianza militar, se suman a una serie de acciones unilaterales del Reino Unido que son incompatibles con la Resolución 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que exhorta a ambas partes a no introducir modificaciones unilaterales en la situación de las Islas Malvinas mientras continúe la controversia sobre la soberanía.
El comunicado concluye que estas acciones profundizan las tensiones en el Atlántico Sur, desconocen el mandato reiterado de la comunidad internacional y obstaculizan los esfuerzos argentinos para avanzar hacia una solución pacífica y negociada de la disputa.
“La República Argentina reafirma sus legítimos e imprescriptibles derechos de soberanía” sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, y cierra con la frase: “Por historia, por derecho y por convicción, las Malvinas son argentinas”, concluye.