Año 2025, en el que no había plata… nos dimos cuenta todos

El 2025 es, básicamente, un año bisagra. No es el paraíso prometido ni el infierno que algunos anuncian. Es ese momento incómodo en el que estás limpiando la casa después de una fiesta larga.

Sábado, 27 de diciembre de 2025 - 20:57 hs.
Año 2025, en el que no había plata… nos dimos cuenta todos

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Por Mario Samaniego.- Argentina en 2025 es ese amigo que siempre promete que esta vez sí va a ordenar su vida. Y uno quiere creerle. De verdad quiere. Pero por las dudas, guarda la billetera, el mate y el sentido del humor, porque sin eso no se sobrevive.

Arrancamos el año con una certeza: el Estado dejó de ser ese tío generoso que pagaba todo con la tarjeta ajena. Y eso, aunque duela más que pisar un Lego descalzo, había que hacerlo. El Gobierno nacional tomó decisiones que ningún político amante de los aplausos suele tomar: recortar, ajustar, decir “no hay plata” sin pedir perdón cada cinco minutos. ¿Popular? No. ¿Necesario? Bastante.

Ahora bien, el problema no es el ajuste. El problema es quién queda ajustado y quién sigue flojo de cinturón. Porque en la Argentina del 2025, el ciudadano promedio ya es experto en economía sin haberlo pedido: sabe de inflación, déficit, riesgo país… y de cómo estirar el sueldo hasta que parezca chicle Bazooka.

Eso sí, hay algo que hay que decirlo con todas las letras: la inflación dejó de ser una película de terror diaria. Ya no miramos el precio del pan como quien mira el dólar blue en una corrida. Sigue siendo caro, sí, pero al menos no cambia tres veces antes de llegar a la caja. Y en Argentina, eso ya cuenta como logro histórico.

También hay señales positivas que no entran en TikTok pero importan: orden fiscal, cierta previsibilidad, reglas más claras para el que quiere invertir y producir. Cosas aburridas, pero fundamentales. Nadie se enamora del equilibrio macroeconómico, pero sin él, el romance dura dos semanas.

Claro que el clima social está tenso. Porque cuando el ajuste baja, no cae parejo. Y ahí aparece el enojo, la bronca, el “con esto no se puede”. Y tienen razón. El Gobierno hace números; la gente hace malabares. Dos realidades que conviven, pero no siempre se miran a los ojos.

El 2025 es, básicamente, un año bisagra. No es el paraíso prometido ni el infierno que algunos anuncian. Es ese momento incómodo en el que estás limpiando la casa después de una fiesta larga: todo está patas para arriba, pero alguien tenía que agarrar la escoba.

Mientras tanto, el argentino sigue siendo argentino: protesta, se queja, se ríe, emprende, sobrevive. Cambian los gobiernos, cambian los discursos, pero el humor sigue siendo nuestra moneda más fuerte. Devaluada, irónica, pero resistente.

Ojalá que el sacrificio tenga sentido. Ojalá que el orden no sea solo para los de siempre. Y ojalá que, alguna vez, hacer las cosas bien no sea una excepción sino una costumbre.

Por ahora, seguimos. Con mate, con memoria… y con la sana desconfianza de quien ya vio muchas películas parecidas, pero todavía espera que esta tenga un final distinto.