Este viernes el vocero presidencial Adrián Ravier no descartó que el dólar pueda irse a 1.800 pesos en los próximos meses, lo que implicaría una devaluación de casi el 20 por ciento, que seguramente se trasladará a los precios de productos y servicios, empezando por los combustibles. Sin embargo, para el funcionario ultraderechista, eso sería una corrección “mínima” y sin impacto en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y en el bolsillo de los argentinos.
De acuerdo con el portal LPO, Ravier descartó “un temblor” en la macroeconomía y dijo que no ve un escenario de inestabilidad cambiaria. Sin embargo, el vocero cometió una osadía para los estándares argentinos al no descartar que el tipo de cambio se pueda devaluar un 20 por ciento. Aunque el funcionario a cargo de la comunicación del gobierno minimizó el impacto que eso tendría, en meses previos a una elección presidencial podría ser una complicación seria para los planes de Milei, en busca de un segundo mandato.
“No hay temblores posibles como ha pasado en la historia argentina reciente. Después, por supuesto, una mala cosecha, una sequía o inundaciones te pueden golpear por la falta de dólares y te puede generar un cambio” en el escenario, admitió Ravier en el streaming Carajo.
“Si hay atraso cambiario o no, es muy difícil de decir”, opinó el vocero respecto al actual tipo de cambio, en torno a los $ 1.500. “Si querés señalar que hay, la corrección que podríamos tener en algún momento sería mínima. Mínima quiero decir que no es que vas a duplicar el tipo de cambio y eso te va a hundir los ingresos. Podés tener una corrección mínima que no va a tener un impacto significativo en el bolsillo de los argentinos”, sostuvo Ravier sobre una devaluación del 20 por ciento, en un esquema de “flotación sucia” acordado por el gobierno con el Fondo Monetario Internacional.
Según el funcionario, la compra de reservas por parte del Banco Central y el superávit en la cuenta corriente “claramente no son compatibles con tener atraso cambiario”, aunque admitió que podría estar un poco abajo. “Si bajo el criterio de mirar el promedio de los últimos años, hoy estamos un poquito abajo y vos tuvieras una corrección, no sería significativa”, aseguró Ravier, que eligió medirse con las varas de las crisis más serias de los últimos años.
“Cuando uno mira lo que le pasó al macrismo, ellos estaban con un tipo de cambio de 15 pesos y se fue a 60. Cuadruplicar el tipo de cambio significaría que hoy pasamos de $1.500 a $6.000. Si vamos al 2002, donde el tipo de cambio pasó de 1 a 3, sería como hoy pasar de $1500 a $4500. Nadie ve ese escenario", planteó Ravier, sin mencionar qué impacto tendría una devaluación del 20 por ciento, con salarios y jubilaciones prácticamente congelados y con un desempleo y subempleo en torno al 30 por ciento.
En ese contexto, Ravier admitió el posible aumento del dólar, que se traducirá en un incremento de la inflación. “Ahora, que el tipo de cambio llegue a $1800, a $1700, dentro de unos meses, es una posibilidad. La estabilidad cambiaria está muy clara, yo no me preocupo por ese lado”, prometió el vocero.
El traslado a precios de una devaluación del peso contra el dólar
Cabe remarcar que por la política energética del gobierno de Milei, todo aumento en el tipo de cambio se traslada automáticamente a los precios de los combustibles, gas y electricidad, que, a su vez, impactan en el traslado de mercancías, en la generación de energía y en los costos productivos de alimentos y manufactura.
Por lo general, los analistas calculan que el impacto directo sobre la inflación (“pass-through”) de una devaluación del 20 por ciento, ronda entre un 3 y un 10 por ciento adicional en el índice inflacionario mensual o acumulado, según la estabilidad y las expectativas del mercado.
Es decir, con un dólar a $1.800, la inflación podría rondar entre un 5 y un 12 por ciento en los próximos meses, lo que se suma a la inflación acumulada del año, del 16,8% a junio, según datos del INDEC.
Vale aclarar que estos porcentajes de inflación están bajo serios cuestionamientos porque el instituto está virtualmente intervenido desde principios del año, cuando renunció su titular Marco Lavagna, en desacuerdo con la decisión de no actualizar los ponderadores de inflación: el gobierno libertario mantiene los criterios de medición del costo de vida del 2003, teniendo listos los ponderadores que reflejan los consumos de los hogares del 2018.