Pese al ajuste y la recesión, Misiones sostiene programas que protegen a los sectores más vulnerables

Aun perdiendo alrededor de 40 mil millones de pesos por mes por la caída real de ingresos, la Provincia sigue intentando amortiguar el golpe sobre la gente con las herramientas que tiene a mano.

Domingo, 22 de marzo de 2026 - 11:21 hs.
Pese al ajuste y la recesión, Misiones sostiene programas que protegen a los sectores más vulnerables

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Gobernar es fijar prioridades. Elegir a quién se cuida cuando los recursos faltan, decidir qué se sostiene cuando la economía aprieta y definir de qué lado se para el Estado cuando arrecian la recesión, la incertidumbre y el malhumor social.

Esa es, en el fondo, la discusión política de este tiempo. No una discusión teórica, sino concreta. Porque mientras la macroeconomía nacional no arranca, el consumo sigue deprimido, las ventas caen y las expectativas sociales se vuelven cada vez más pesimistas, las provincias quedan obligadas a mostrar con hechos cuáles son sus prioridades.

En Misiones, con Hugo Passalacqua al frente, esa elección se ve con bastante claridad. Aun perdiendo alrededor de 40 mil millones de pesos por mes por la caída real de ingresos, la Provincia sigue intentando amortiguar el golpe sobre la gente con las herramientas que tiene a mano. No sobra nada. No alcanza para todo. Pero aun así hay una decisión política: sostener programas que cuiden el movimiento económico y protejan a los sectores más vulnerables.

Ahí están los programas Ahora, apuntalando el consumo en un contexto en el que las ventas en supermercados de Misiones acumulan caídas y enero cerró con una baja interanual real del 7,6%, una de las peores del país. Ahí está el Boleto Estatal Estudiantil Gratuito Misionero, una política que para miles de familias no es un detalle, sino una condición para que sus hijos puedan seguir estudiando. Ahí está la salud pública estatal, que en una provincia con fuerte demanda social no puede quedar librada a la lógica del mercado. Ahí están los esfuerzos por asistir a trabajadores, jubilados y pensionados, como la refinanciación de deudas anunciada para aliviar bolsillos asfixiados por tasas imposibles. Ahí está la actualización de asignaciones familiares y ayuda escolar, en un intento por sostener ingresos que la inflación castiga todos los meses. Ahí está también el subsidio a la energía, porque sin intervención estatal la tarifa de luz directamente sería impagable para muchas familias, comercios y pequeños productores. Y ahí sigue el apoyo a emprendedores, a pequeños comercios, a actividades productivas que son las que mantienen viva la economía real del interior.

Eso también es gobernar: poner primero lo que le sirve a la gente.

No porque alcance. No porque resuelva todo. No porque la provincia viva una primavera económica. Al contrario. Misiones administra escasez. La Provincia no está nadando en abundancia: está tratando de sostener servicios, salarios y herramientas de alivio en medio de una economía nacional que castiga la recaudación, enfría el consumo y paraliza decisiones de inversión. El propio ministro Adolfo Safrán lo dijo sin rodeos: la provincia pierde 40 mil millones por mes y eso impacta en la gestión, en la obra pública, en las paritarias, en la capacidad de respuesta estatal. Cuando entra menos plata y los costos suben, gobernar se vuelve todavía más un ejercicio de prioridades.

Y ahí aparece el contraste con los libertarios.

Porque también ellos fijan prioridades. Solo que las suyas son otras. Gasto cero. Desregulación de la yerba. Cero Obra Pública. Recorte de fondos universitarios. Recorte de fondos de salud. Recorte sobre jubilaciones, pensiones, discapacidad. Ajuste sobre todo lo que huela a Estado, aunque ese Estado sea el único sostén de millones de personas. En nombre de una supuesta eficiencia, terminan descargando el peso del ajuste sobre trabajadores, estudiantes, enfermos, jubilados, pequeños productores y sectores medios cada vez más castigados.

La desregulación de la yerba es el ejemplo más brutal. No es una metáfora: es la radiografía de una política. Sacaron el precio mínimo, desarmaron la capacidad regulatoria del INYM y dejaron a miles de productores a merced de los eslabones más concentrados de la cadena. El resultado está a la vista: se pulverizó la rentabilidad de la chacra, se achicó el circulante en el interior y empezó a temblar una de las bases productivas de Misiones. Eso no es libertad. Eso es desprotección.

Mientras tanto, los libertarios de Misiones hablan mucho, agitan mucho, repiten mucho, pero traen poco. O más bien nada. Levantan la mano a favor de Javier Milei, acompañan cada recorte que perjudica a la provincia y después vuelven a Misiones a hacer oposición como si no tuvieran nada que ver con las consecuencias de lo que votan. No gestionan, no consiguen, no interceden, no corrigen. Acompañan.

A Diego Hartfield se le pidió que gestione la baja del IVA, la baja de Ingresos Brutos, medidas concretas para aliviar al comercio. Nada. Cero respuesta. Se le reclamaron gestiones para el comercio, para la forestoindustria, para la yerba. Nada. Cero respuesta. Esa es la verdad incómoda: los libertarios misioneros no han mostrado capacidad para defender intereses concretos de la provincia. Han mostrado, sí, una disciplina impecable para alinearse con la Casa Rosada.

Y eso pesa más cuando la macro no repunta. Porque el discurso del sacrificio tenía un límite: la promesa de que después vendría la mejora. Pero la mejora no llega. El consumo sigue abajo, la actividad sigue sin despegar y el malhumor social crece. El Índice de Irascibilidad Social cayó por tercer mes consecutivo y ya refleja que la sociedad está dejando la etapa de la espera para entrar en la de la ansiedad. No es una cuestión ideológica. Es emocional, material y cotidiana. La plata no alcanza, el empleo preocupa y el horizonte se vuelve más incierto.

En ese escenario, vuelve a quedar claro qué significa gobernar.

Gobernar es hacerse cargo. Es sostener el boleto educativo cuando para una familia representa la diferencia entre seguir o abandonar. Es apuntalar los programas Ahora cuando el comercio se enfría. Es defender la salud pública cuando crecen la demanda y la pobreza. Es asistir a los trabajadores y jubilados cuando el crédito los ahoga. Es subsidiar la luz cuando el mercado solo ofrece tarifas de exclusión. Es acompañar a emprendedores y productores cuando la economía nacional los deja a la intemperie.

Misiones, con limitaciones y bajo una presión fiscal asfixiante, viene intentando eso: sobrellevar la caída con lo poco que tiene. La economía provincial mostró entre 2018 y 2024 una resiliencia superior a la del promedio nacional, con un crecimiento acumulado del 5,9% frente al magro 0,1% del país. Pero esa fortaleza relativa no la inmuniza contra una macro nacional que lastima. Y menos aún cuando desde Nación se castiga a las provincias, se desfinancian áreas sensibles y se deja librada a su suerte a la producción regional.

Por eso la discusión que viene no es sólo electoral. Es moral y política. Se trata de decidir si el Estado debe estar para amortiguar el golpe o para retirarse cuando más se lo necesita. Si la prioridad es cuidar a la gente o rendir examen ideológico en Buenos Aires. Si la representación política sirve para defender a Misiones o para obedecer sin chistar.

Gobernar es fijar prioridades. Y en tiempos de ajuste, esa verdad se vuelve implacable. Porque cuando todo falta, lo que cada uno elige sostener termina revelando para quién gobierna.