Ajuste sin red: empleo en caída, industria frenada y familias endeudadas

Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 se perdieron 278 mil empleos registrados y cerraron 22 mil empresas. La industria trabaja apenas al 53,8% de su capacidad y el endeudamiento de los hogares ya equivale a dos salarios y medio. Los datos oficiales dibujan un panorama económico que combina recesión, fragilidad productiva y presión social creciente.

Sábado, 7 de marzo de 2026 - 11:51 hs.
Ajuste sin red: empleo en caída, industria frenada y familias endeudadas

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La discusión sobre el rumbo económico suele quedar atrapada entre consignas políticas y expectativas de recuperación futura. Sin embargo, los números que surgen del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) describen una realidad más concreta: el empleo formal se redujo, el tejido empresarial se achicó y la actividad industrial opera muy por debajo de su potencial.

Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 se perdieron 278 mil empleos registrados netos. El recorte impactó tanto en el Estado como en el sector privado: 81 mil puestos menos en el sector público y 198 mil en el privado. La caída no se limitó al mercado laboral. En el mismo período desaparecieron 22 mil empresas, un dato que refleja la contracción de la actividad y el deterioro del entramado productivo.

El golpe al empleo formal no es un fenómeno aislado. Se inscribe en un contexto de actividad industrial debilitada. La utilización de la capacidad instalada se ubica hoy en 53,8%, por debajo incluso del nivel registrado durante la pandemia, cuando el indicador había caído al 55% en uno de los momentos más críticos de la economía reciente. El dato es elocuente: más de la mitad del aparato industrial permanece ocioso.

La combinación de caída del empleo y menor producción repercute de manera directa en los hogares. El endeudamiento personal promedio ya equivale a dos salarios y medio, mientras que la morosidad bancaria y extrabancaria ronda el 35%. En términos prácticos, significa que una parte creciente de las familias tiene dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras.

La secuencia es clara. Menos empresas implican menos empleo; menos empleo reduce ingresos; y menores ingresos empujan a más endeudamiento. Cuando esa cadena se prolonga en el tiempo, el riesgo deja de ser únicamente económico y pasa a ser social.

Las cifras no explican por sí solas las causas ni las responsabilidades políticas, pero sí delimitan el terreno de discusión. La economía argentina atraviesa un proceso de ajuste que, al menos hasta ahora, se refleja en tres indicadores centrales: menos trabajo formal, menor actividad productiva y mayor presión financiera sobre los hogares.

El desafío hacia adelante no es sólo estabilizar variables macroeconómicas. También será recomponer el tejido productivo y recuperar el empleo registrado. Sin esa base, cualquier mejora estadística corre el riesgo de quedar desconectada de la vida cotidiana de millones de trabajadores. Porque, al final del día, la salud de una economía no se mide únicamente por sus equilibrios fiscales, sino por su capacidad de generar trabajo, sostener empresas y evitar que las familias vivan permanentemente al borde del endeudamiento

Por Mario Samaniego