El Presidente ultraderechista Javier Milei dijo en una cena en Puerto Madero que “la calle debería estar llena de cadáveres” si la gente no llegara a fin de mes, con lo que intentó negar los problemas más acuciantes de la gestión liberticida: la baja de salarios reales, la caída del consumo y el incremento del desempleo.
El presidente dio esa definición en la cena de la Fundación Faro de Agustín Laje, una creación de Santiago Caputo y su hermano para recaudar fondos. “Parece que los que hoy tanto reclaman por las jubilaciones son los mismos que en su momento vetaron. Decían que se estaba declarando la quiebra del estado”, dijo para defender su nuevo veto a un aumento de las jubilaciones, en obvia referencia al veto de la expresidanta Cristina Kirchner a la ley del 82% móvil en 2010.
“Los kukas parece que nos dejaron en Suiza y nosotros cometimos una masacre, cuando en realidad los que destruyeron y se consumieron el capital empobreciendo a la gente fueron ellos”, se quejó Milei, que enfrenta el costo político de vetar un módico aumento en las jubilaciones que apenas alcanzan los $400 mil, menos de un tercio de una canasta del adulto mayor.
El mandatario defendió con una chicana al kirchnerismo, el decreto 534/2025 con el que derogó el aumento del 7,2% a los haberes previsionales; la moratoria previsional y la emergencia en discapacidad, aprobados por el Senado hace tres semanas.
En su insólita defensa, Milei retomó la comparación de las jubilaciones en dólares, sin hacer mención al fenomenal incremento de los precios de la canasta básica y alimentaria en dólares, agravada por la pérdida de medicamentos gratuitos que brindaba el PAMI al sector pasivo y por el fin a de la devolución del IVA (Impuesto al Valor Agregado)
“Dejaron la jubilación en 80 dólares y hoy está en 230 dólares”, afirmó Milei de acuerdo con el diario Perfil, sobre los haberes previsionales que actualmente se encuentran, los mínimos, en $314.305. También defendió el nivel de los salarios, bajo el mismo argumento: “Había salarios de 300 dólares y ahora son de 1100 dólares”, y agregó que “si fuera cierto que la gente no llega a fin de mes”, la calle “tendría que estar llena de cadáveres”.
Llamativamente, en otro pasaje de su discurso, el Presidente ultraderechista reconoció que “es mucho más fácil destruir que construir. Construir requiere mucho tiempo, por eso el esfuerzo de construir tiene que ser sostenido en el tiempo", continuó en relación a los proyectos del Gobierno liberticida, que podrían demorar décadas en concretarse ya que “no nos vamos a convertir en un país desarrollado de un día para el otro. Los procesos de convergencia pueden durar 30, 35 o 40 años”, sostuvo.
Más adelante, luego de haberse referido a los empresarios, sindicalistas y periodistas como “empresarios”, “sindigarcas” y “periosobres”, el Presidente sostuvo que tomó nota sobre los cuestionamientos que recibe por los insultos que profiere contra sus adversarios políticos o críticos. Sin embargo, consideró que se trata de una “dictadura de las formas” y prometió: “Vamos a usar las formas que les gusta para dejar en evidencia que son una cáscara vacía”.
En la misma búsqueda, rectificó el sentido en el que utiliza el calificativo de “parásitos mentales” que dirige a los opositores. “Aclaro que cuando hablo de parásitos mentales no me refiero a personas. Las personas son víctimas de estas ideas alojadas en un cerebro a fuerza de décadas de adoctrinamiento colectivista”, aseguró, evidentemente, tomando nota de lo que muestran las encuestas, que es una caída sostenida de su imagen y del rechazo mayoritario a los insultos que profiere a diario.
“El punto es que, una vez que las ideas —estos parásitos mentales— cuanto más toman esa cabeza, el problema es que los convierten en zombis, es decir, los convierten en una secta, que es básicamente lo que son: la secta kuka”, continuó Milei, volviendo sobre la estrategia de demonizar a los disidentes, para no debatir las ideas de quienes se le oponen.
En otro tramo saliente de su alocución, como otros mandatarios en el pasado, Milei agitó el fantasma del “fraude electoral”, que parece ser la estrategia que adoptará el oficialismo si pierde las elecciones de medio término. “Las elecciones tienen que ser un espacio para que la gente pueda expresar si a lo largo de todo este tiempo la provincia han mejorado o no, si la seguridad ha mejorado o no, si caminan cada día con más tranquilidad por la calle o no, si ha invertido en mejorar la calidad de los servicios esenciales que tiene que asegurar un Estado o si se despilfarró el dinero de la gente en asuntos inconducentes”, expresó Milei en relación a las legislativas bonaerenses.
A la vez, retomó los insultos contra el gobernador Axel Kicillof, desdiciendo lo que minutos antes había prometido, y lo calificó de “inútil esférico”.
Acto seguido, advirtió que las candidaturas testimoniales son un “fraude moral” y agitó las dudas sobre la transparencia electoral, estrategia que otros socios políticos de la región utilizaron ante resultados adversos, como Donald Trump o Jair Bolsonaro, quienes instigaron golpes de Estado luego de perder comicios presidenciales.
“Están dispuestos a hacer fraude. Además, votan con un sistema electoral distinto, o sea, que habilita el fraude”, insistió Milei, quien días atrás aseguraba que iban a ganar las elecciones legislativas en todo el país y que iba a ser reelecto en 2027.
Retomando un pronóstico triunfalista Milei opinó que las elecciones provinciales bonaerenses de septiembre, van a marcar el “techo del kirchnerismo” y el piso del Gobierno. “Lo que ocurra en septiembre para nosotros va a ser un piso. Esto quiere decir que de acá a octubre vamos a seguir creciendo, pero lo más importante de todo es que nosotros tenemos esta oportunidad”, remató.